martes, 18 de octubre de 2011

ADJETIVAR NUESTRA CULTURA



A menudo me cuestiono cómo calificar el arte, la música, la danza y la literatura hecha por creadores de lengua española. Los primos del otro lado del Atlántico hablan un castellano a menudo más correcto que el de los españoles, mantienen el apasionamiento que era propio de los hispanos más destacados, el colorido de su arte ha venido siendo tradicional entre buena parte de los artistas de la "piel de toro". Podría seguir argumentando más y más sentimientos de afinidad, pero la verdadera prueba del algodón es lo rápido que sintonizo con la música, la pintura y los textos suyos. Tienen algo muy familiar, eso que los franceses denominan deja vu.

Tengo entendido que la palabra imperante para denominarnos es "latinoamericanos"; posiblemente como extensión del término latin american que procede de Estados Unidos. Lo cierto es que el término me suena a falso, por incluir unas raíces mediterráneas no siempre presentes ni siquiera en España, donde la raíz goda es el gen principal de los conquistadores. Lo que se llevó allí - aunque ahora sea denostado - con las carabelas en las que emigraron nuestros abuelos; los que volvieron (que fueron muy pocos) y los que se quedaron allí.

Más me encaja el término "iberoamericano", por la sintonía espontánea que percibo en la cultura pensada, escrita e interpretada en portugués. Aunque la dulzura y musicalidad de su acento tiene algo de extraño hacia ese fondo recio - castellano - que tiene todo descendiente de españoles (y de indios y africanos).

Aunque me gusta más "hispanoamericanos". Especialmente, porque se trata de un neologismo y un ideario venido de allí. Tras la independencia de Cuba y Puerto Rico, y el hundimiento de España en la guerra de 1898 frente a EE.UU., comenzó el reencuentro. Y abrieron el camino Rubén Darío y José Enrique Rodó, los primeros que defendieron a España con sus plumas; además, este último - un uruguayo - fue quien formuló primero el concepto de la hispanidad. Una comunidad de linajes y sensibilidades alrededor del castellano. En las siguientes décadas, numerosos hispanos del otro lado del charco viajaron a Madrid - a menudo, después de una estancia en aquel divino París - para conformar uno d elos ecosistemas creativos más potentes de la historia de la cultura universal, pues con Darío llegó de América el Modernismo, y tras él literatos como Larreta, Vargas Vila, Blanco-Fombona, Nervo, Reyles, Reyes, Gómez Carrillo... también pintores como Torres García y Diego Rivera.

En cualquier caso, todos tenemos en común descender de señoras como esta - "la Oterito" (pintada por Ignacio Zuloaga) - que sigue levantando pasiones como lo hizo en los tablaos flamencos de Madrid. Seguro que Rufino Blanco - Fombona, experto duelista, temido tanto por su pluma como por su espada, se habría batido con gusto por ella. ¡Y pensar que la censuraron en la exposición Zuloaga de Nueva York, en 1925! lo que se perdieron ... Esto no hubiera ocurrido en Hispanoamérica.